domingo, 30 de marzo de 2008


me encanta que tengas frío cuando hay veinticuatro grados fuera. Me encanta que tardes una hora y media en pedir un sandwich. Me encanta que arrugues la nariz cuando me miras como si estuviera loco... y me encanta que seas la última persona con la que quiero hablar antes de ir a la cama. Y no es porque me sienta solo ni porque sea Año Nuevo. He venido esta noche porque cuando te das cuenta de que quieres pasar el resto de tu vida con alguien, quieres que el resto de tu vida comience cuanto antes.


Billy Cristal a Meg Ryan
Cuando Harry encontró a Sally, 1989

10 comentarios:

nualan dijo...

hay necesidades que se convierten en lujos, yo me conformo con 5 minutos, aunque supongo que siempre querré mas... y mas....

elena dijo...

hola nualan!

perdona he cambiado el anterior texto por esta cita que me gustaba más...

decía que tomarse un respiro diario es una necesidad más que un lujo: 10 minutos al día es suficiente para sentirse mejor.

(por si hay alguien liado)

Un abrazo

Raúl Sánchez dijo...

Hola!
He creado un blog de poesía y lo anuncio a todas las personas con las que hay coincidencias en el perfil, por si puediera interesaros. Se agradecerá cualquier visita o comentario.
Un abrazo!

www.plegariasdeldesprecio.blogspot.com

RAÚL dijo...

amimencantastú :)

elena dijo...

y a mí me encanta que tú estés siempre por aquí, haciéndome compañía...

Un beso

Miss Rosenthal dijo...

ains, qué bonito!

Lantana dijo...

mmmm... Qué bonito! creo que todas esperamos oír estas palabras alguna vez.... Hay una frase que me gustó ya hace mucho tiempo: "No quiero que nuestro amor tenga un futuro, sino que este mismo intenso presente no tenga fin..." No recuerdo de quien es.
un beso

alejo dissenys dijo...

Sólo con ésto yo, ya soy feliz..jejeje Y la frase de lantana, tremenda!

Apostata dijo...

Eso ocurre sólo en una fase muy temprana del enamoramiento. Luego, cuando ella te pide que pongas la calefacción en el mes de Mayo, piensas que te has casado con el mismísimo agujero del ozono. Te sientes solidario con el camarero que espera pacientemente a que tu parienta elija el sandwich. Aprendes a temer ese frunce en la nariz que antecede a una nueva retaila de reproches sobre tus costumbres.

Pero, lo que si es verdad, es que tu mujer es la última persona con que deseas hablar antes de ir a la cama, de hecho preferirías hablar con cualquiera antes que con ella.

Un saludo

Roro dijo...

Es triste, pero apostata tiene razón, en parte. Lo bonito es cuando después de muchos años, redescubres que esas manías entorpecedoras se han vuelto a convertir en graciosos detalles amorosos...si ese "redescubrimiento" no aparece...uf, habrá que enfrentarse a la realidad y buscar otros ojos donde reflejarse...